


Creo que siempre había tenido la idea preconcebida de que el diseño es algo decorativo, algo que hace que el producto se venda mejor porque lo convierte más agradable a la vista y creo hoy más que nunca que esto se aleja de la realidad. Mi visión de este prejuicio comenzó a cambiar con dos hitos claves dentro de mi búsqueda por saciar mi curiosidad (que es absolutamente aleatoria): el primero, fue el libro Design de Tom Peters y el segundo, fue la conferencia que hiciera Phllipe Starck en TED.
El primero de ellos, hacía una referencia explícita al diseño como una actividad fundamental en todo negocio para llegar a un proceso iterativo constante de redefinición, de innovación y de belleza en todas las cosas que hacemos. El segundo, Starck, uno de los más brillantes diseñadores de nuestra época, explica su concepción de diseño como una actividad que tiene como principal objetivo hacernos la vida más fácil, por eso la idea angular de todo diseño que él realiza es la funcionalidad al servicio de los usuarios.
Ahora, si bien la idea del diseño como una concepción inherente de una actividad y no un agregado decorativo ha calado hondo en mi forma de ver las cosas, aún no tenía una idea absolutamente clara del alcance de estos conceptos, sino hasta ayer que me topé con Tim Brown de IDEO.
Tim Brown y la gente de IDEO, definen este proceso que llaman “Design Thinking”, como una metodología que requiere de la sensibilidad del diseñador para resolver problemas concretos, que sea capaz de encontrar una convergencia entre las necesidades de las personas, el acceso a nuevas tecnologías y la sostenibilidad comercial de la solución planteada. De esta forma, trabajan con equipos multidisciplinarios para encontrar desde soluciones a problemas sociales hasta soluciones para problemas financieros (como diseñar una billetera virtual), o incluso responder a interrogantes como porqué los adultos nos resistimos a montar bicicleta, si, por lo general, la pasabamos tan bien de niños. El proceso no es lineal y antes que tener pasos exactos a seguir, funciona como una serie de espacios: el primero, es el de inspiración, brainstorming o discusión profunda que nos ayude salir de la zona de comfort y crear nuevas ideas; el segundo espacio es el de desarrollo de prototipos, o pequeños laboratorios de bajo costo, pero que nos brinde una idea clara de la efectividad del diseño; en tercer lugar, viene la implementación.
En general, pensar en el proceso creativo del diseño y hacerlo inherente a nuestras organizaciones (o actividades diarias) puede ser una muy buena práctica, en especial, cuando buscamos exaltar la creatividad y tener la innovación como uno de los fatores claves para el desarrollo institucional. En realidad, creo que haría el trabajo mucho más entretenido y retador.
